Un mensaje para quienes tienen hijos, de una mamá que perdió al suyo
Kate, sufrió la pérdida más grande de su vida; su hijo de 5 años.
El falleció en un accidente automovilístico en carretera, sus otros hijos resultaron con golpes menores pero a pesar de ello, su vida nunca volvió a ser la misma.
Después de un tiempo, Kate relató lo sucedido en las redes sociales, el cómo ha sobrellevado su duelo y lo que ha significado para ella está perdida, así como también decidió exponer la forma tan cruel en que las personas la culparon de la muerte de su pequeño, lo cual nunca fue justo.
Su relato lo compartió más que nada para las mujeres que
son madres, además les comparte algunos consejos que son
muy valiosos; entre ellos el disfrutar de sus bebés,
abrazarlos, respirar su aroma y jugar con ellos, pues nunca se sabe si tendrán
un mañana para hacerlo.
Me había detenido en una gasolinería a checar cada cinturón y
manejé por el camino curvo y montañoso hacia casa de mi familia. Mi hijo solía
hacer todo lo que pudiera para quitarse el cinturón de seguridad en el auto
(“Flash no usa cinturón, yo soy Flash, mamá", repetía una y otra vez él).
Intentamos con asientos y arneses de cinco puntos, boosters, creo
que incluso bridas en algún momento (probablemente tampoco son muy seguras),
pero él siempre lo vio como el reto de un superhéroe. Él era un superhéroe
porque siempre lo logró. En promedio, podía detenerme tres o cuatro veces antes
de cualquier viaje para ponerle el cinturón otra vez.
Apenas llevábamos cinco minutos cuando una gran roca rodó hacia mi
carril. Tenía pocas opciones: tratar de pasar sobre la roca o moverme al
otro carril en sentido contrario, que era una larga curva con un río salvaje
del otro lado. Roca, choque frente a frente, río. Escogí la roca.
Y escogí mal. Y sí, para entonces ya se había quitado el cinturón
junto con su hermano de ocho años (se estaban cambiando de lugar y yo no lo
sabía). La roca golpeó mi eje y nos lanzó hacia la orilla de un acantilado.
Nuestra camioneta de 13 pasajeros rodó y mi hijo se fue instantáneamente.
Nuestras vidas se destruyeron. Al pequeño niño que había sido mi
orgullo y alegría me lo quitaron cruelmente en cuestión de segundos.
Recuerdo haber sido aplastada entre mi consola (sin bolsa de aire)
y nuestra camioneta de tres toneladas. Tenía sangre por todos lados. Luché y
luché y después perdí el conocimiento.
Cuando desperté, estaba sacando a mi bebé de su asiento para auto
(estaba de cabeza) y tratando de sacar a cada niño (cinco de mis hijos estaban
conmigo) de la camioneta.
Cuando fui hacia mi pequeño, luché con toda mi fuerza para
levantar el peso de la camioneta de su pequeño cuerpo. Mi hijo de ocho años
trataba de ayudarme. Sólo podía ver la mitad inferior de su cuerpo.
Sobé su estómago e intenté leves compresiones. Pero ya se había
ido. Fue una muerte instantánea, lo cual sólo me da alivio porque sé que no
sintió dolor.
Lo que siguió fue borroso. Me negué a recibir tratamiento de los
paramédicos hasta que me dejaran abrazar a mi hijo muerto. A todos los demás se
los llevaron en una ambulancia para atenderlos.
Me llevaron y sedaron, pues el shock me tenía inconsolable. Fue
dos días después que lo vi en Facebook.
Las noticias reportando la muerte de mi hijo como si hablaran de
que el clima podía cambiar, o que un nuevo planeta había sido descubierto.
Agradecí que dijeran que no hubo drogas o alcohol involucrados. Pero no fue eso
lo que dolió. Los lectores comentaron las cosas más crueles sobre la horrible
madre que soy.
Cómo me lo merecía. Cómo debían quitarme a mis hijos. Quería
golpearlos, sacudirlos. Decirles cuán cercanos éramos, cuánto luché por
mantenerlo a salvo. Cómo teníamos un beso especial de buenas noches y una noche
de McDonald’s a la semana. Quería gritar que él siempre me dijo que quería
casarse conmigo, que era la mejor mamá del mundo. Que él me construía naves de
Lego, tomaba siestas en mi cama mientras tomaba mi mano con sus pequeños dedos.
Pero nadie habría escuchado de todos modos. Siento que debo escribirles esto a todas ustedes mamás, pues tengo un deseo de mirarlas a los ojos y decirles esto: abracen fuerte a sus bebés. Eso es todo lo que quiero gritarle al mundo.
Ya no soy quien solía ser; la muerte y la pérdida cambian a una persona de adentro hacia afuera.
He abrazado el cuerpo de mi hijo muerto a mitad de la carretera mientras lo arrullaba y gritaba – no, le ordenaba a Dios que lo trajera de regreso.
He escogido una parcela para enterrar a mi hijo de cinco años mientras contemplaba brincar del acantilado cercano al cementerio, sólo para poder estar donde él está ahora.
He comprado un traje de superhéroe de 200 dólares para que mi hijo use mientras se descompone bajo la tierra.
He besado un cadáver una y otra vez mientras lloraba y trazaba cada esquina de su cara helada y sostenía sus pequeñas manos sin vida.
He dormido en un cementerio sólo para intentar tomar una última siesta con él. Le hablo a la tierra. A la tierra donde descansa con su cobija y su traje de Avengers.
Y lo que quiero decir (si has llegado hasta aquí, eres muy paciente y generoso) es esto. Y puedes compartirlo con cualquier mamá que conozcas.
- Tal vez acabarse el brócoli en la cena no es tan importante como creemos. Mira cómo tus hijos comen y odian el maíz (,i pequeño lo odiaba). Tal vez aún pueden comer helado – quizá aún algunas veces – aunque todavía tengan verduras en el plato.
- Aprende a pretender. Métete en su mundo. Aprende a jugar Xbox con ellos. Quiere su hermosa y fugaz imaginación. Déjalos creer que son el Capitán América o la reina Elsa. Métete en sus mentes. Mira cómo piensan. Los platos van a seguir ahí.
- Toma cada abrazo y beso que te dan, incluso los que usan para salirse de la cama en la noche. Y de verdad apretújalos.
- Detente y mira los bichos, las rocas, las ramas, el atardecer. Baja la velocidad, mamá, bájala.
- Diles que los amas. Pero míralos a los ojos y dilo de verdad. Diles que pueden hacer cualquier cosa, cualquier cosa que deseen hacer.
- Sí, deben ser responsables pero, a veces, la gracia es la respuesta. Tal vez, sólo tal vez, no terminarán arruinados si dejamos que se nos vayan algunas cosas.
- Nunca juzgues a otra mamá. No conocemos la historia completa, no sabemos. Simplemente no sabemos.
- Ve a abrazar a tus bebés ahora mismo. Empápate de su aroma, mira el inocente brillo en sus ojos que está perdido en alguna parte entre la niñez y la adultez. Siente de verdad cómo te abrazan. Deja tu teléfono y míralos a través de tus ojos, y no sólo a través del lente de tu cámara. Recuerda cómo se siente su cabeza en tu hombro, su mano en la tuya, sus besos mojados en tus mejillas. Amamántalos una vez más. Dormir está sobrevalorado. Escucha cinco minutos más de Star Wars, Minecraft y las princesas de Disney.
Mamás, abracen fuerte a sus
hijos. Cuán bendecidas son de tener a unos únicos, hermosos, pequeños humanos.
Desde mi corazón hacia el suyo, Kate.
No olvides compartir
con otros padres esta triste historia que nos deja una gran lección.
Un mensaje para quienes tienen hijos, de una mamá que perdió al suyo
Reviewed by Samantha Olivares
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17:12:00
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